
AUTOEVALUACIÓN
EL ANTES DE... (2012-2022)
He afirmado muchas veces que, desde muy pequeña, ser bailarina ya hacía parte de mi futuro, aunque en ese momento no lo entendiera con claridad. Hubo etapas en las que dudé: no sabía si la danza sería mi camino definitivo o solo una experiencia hermosa de mi infancia.
Empecé bailando Ballet en el colegio y allí descubrí una forma de moverme que me hacía sentir cómoda y feliz. Con el tiempo, y por la pasión que empezó a nacer en mí, ingresé a una escuela de Ballet para seguirme formando, pero después de un par de años, entendí que bailar no era solo una actividad más: me llenaba, me daba paz y me conectaba conmigo misma. En la danza encontraba mi mejor versión. Más adelante entré a la escuela de formación profesional Fundación Festival Art, donde profundicé en el Ballet, conocí también la danza contemporánea, el jazz y la danza urbana. Ese proceso amplió mi mirada, fortaleció mi técnica y potenció mi ejecución como intérprete. Sin embargo, dentro de mí persistía la sensación de que aún había algo por descubrir.
CICLO BÁSICO (2022-2023)
Ingresé a la carrera de Artes Escénicas en la Pontificia Universidad Javeriana en el segundo semestre de 2022, dando inicio al ciclo básico. Para mí, entrar a la universidad no fue una decisión improvisada, sino la consecuencia natural de un deseo profundo: profesionalizar aquello a lo que ya venía entregando toda mi vida. Quería que la danza dejara de ser solo pasión y se consolidara también como profesión; anhelaba formarme de manera integral, convertirme en una artista completa, con herramientas técnicas, teóricas y creativas que ampliaran mi trayectoria. Iniciando la carrera, El ciclo básico tuvo como propósito construir una base sólida para el aprendizaje integral como artista escénica. Durante esos dos primeros semestres atravesé diversas experiencias académicas y creativas que transformaron mi manera de comprender la escena. No solo fortalecí mi práctica desde el hacer, sino que también profundicé en la reflexión sobre el cuerpo, la presencia, la interpretación y el oficio artístico.
En el primer y segundo semestre cursé Principios de la somática, Principios de la danza (Ballet y Contemporáneo), Principios de la actuación y Elementos de la puesta en escena. La somática fue un descubrimiento que amplió y mejoró mi manera de moverme, aún cuando esta no me apasionó durante este tiempo. Al venir de una formación técnica y exigente, me impactó encontrar un espacio que priorizaba la escucha y la conciencia corporal. Aprendí a reconocer tensiones, a usar la respiración como herramienta y a entender que no siempre se trata de hacer más, sino de moverme con mayor conexión y honestidad.
En el área de danza, aunque ya contaba con un conocimiento técnico avanzado previo a la universidad, volver a las bases fue un ejercicio profundamente formativo. Retomar principios de alineación, colocación y estructura corporal me permitió analizar mi cuerpo desde otra perspectiva, cuestionar hábitos adquiridos y afinar detalles que antes daba por sentados. Si bien fue un reto y un poco una frustración no continuar desde el nivel técnico en el que me encontraba fuera, este retorno a lo fundamental fortaleció mi consciencia, precisión e intención en el movimiento, sin duda alguna.
Paralelamente, la actuación si representó un reto gigante para mí, ya que mi proceso formativo había estado enfocado principalmente en la danza y en la comunicación a través del cuerpo, usar la voz era estar por completo fuera de mi zona de confort. Enfrentarme a este trabajo vocal, fue salir de un lugar conocido y asumir nuevas exigencias técnicas. Asumí este reto con la convicción de que en próximos semestres tendría la oportunidad de acercarme de maneras distintas a la actuación y tal vez llegaría a enamorarme de ella.
Durante el segundo semestre del ciclo básico viví un momento importante fuera de la universidad: En enero del 2023 ingresé al grupo de formación de R Flow Studio, una escuela que marcó un antes y un después en mi camino. Allí comencé a formarme en danza urbana y comercial, y conocí el Reggaetón como estilo de danza. Fue en ese espacio donde sentí que todo encajaba: encontré un movimiento que dialogaba con mi personalidad, mi energía y mi deseo de crecer. Desde entonces y hasta hoy, continúo formándome allí, reafirmando cada día mi pasión por bailar y mi decisión de hacer de la danza mi proyecto de vida.
Así mismo, en junio al final del semestre, participé en mi primera competencia de Reggaetón, nunca había competido con la danza, era otro reto para mí y una experiencia completamente nueva. Recuerdo sentir unos nervios que nunca había sentido al subirme a tarima, sentí que era un reto completamente diferente, casi que sentía una presión por bailar al máximo y no tener errores. Tal vez esto es lo que he identificado que me ha aportado el competir, me ha hecho una bailarina más consciente y que siempre quiere que su danza sea impecable o precisa. Este momento marcó un punto de quiebre en mi camino, ya que definitivamente me permitió comenzar a habitar la danza desde otro lugar, enfrentándome a escenarios reales, públicos y exigencias distintas a las académicas.
CICLO PROFESIONAL (2023-2026)
TERCER SEMESTRE
Al iniciar el tercer semestre, ya en los primeros pasos en el ciclo profesional, cursé Laboratorio de Composición Coreográfica con el docente Humberto Canessa. Este fue un espacio que sin duda fortaleció profundamente mis habilidades creativas. Me reté a crear desde mi propio cuerpo, tanto de manera individual como colectiva, explorando nuevas formas de construcción del movimiento. Como resultado, desarrollé una videodanza que, aún hoy, considero muy significativa, ya que en ella logro reconocer mi esencia como intérprete y creadora.
Ese mismo semestre participé en mi primer ensamble interdisciplinar: La Condena, dirigido por Isaac Barbosa y Juliana Atuesta. Este proceso implicó, por primera vez, asumir un compromiso creativo dentro de un grupo amplio, con múltiples lenguajes en diálogo. Fue una experiencia exigente y enriquecedora que amplió mi comprensión del trabajo colectivo. Además, tuvimos la oportunidad de presentarnos en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, lo cual resultó especialmente motivante en el inicio de este ciclo profesional, al estar bailando en otro espacio y compartiendo momentos que se sentían ya mucho más profesionales.
De igual manera, y que fue muy significativo en este tiempo, en la puesta en escena de Desafíos del aprendizaje empecé a comprender que en la pedagogía no existe una única manera correcta de enseñar. A través de los diferentes métodos y dinámicas trabajadas en clase, entendí que cada persona aprende de formas distintas y que el rol del docente también implica saber escuchar, adaptarse y construir desde las necesidades del otro. Esto comenzó a hacerme pensar de manera más crítica sobre los procesos de enseñanza, incluso a partir de conversaciones y anécdotas de amigos sobre sus propias experiencias en clase. Poco a poco fui cuestionándome cómo ciertas metodologías pueden motivar, bloquear o transformar completamente la relación de alguien con el aprendizaje. Esta experiencia fortaleció mi interés por la pedagogía y por construir, en el futuro, espacios de enseñanza más sensibles, humanos y conscientes.
Finalmente, fue acá donde empecé a preguntarme por qué el reggaetón no tenía un lugar dentro de la formación académica en danza. Esta inquietud nació desde una experiencia muy personal, porque el reggaetón ya había empezado a convertirse en el lenguaje corporal donde más me reconocía y conectaba conmigo misma. Sentí que había algo muy poderoso en ese movimiento, en su energía y en su relación con lo latino, pero también empecé a notar cómo muchos prejuicios alrededor del género influían en que no fuera legitimado dentro de ciertos espacios académicos y artísticos. Me cuestionaba por qué un estilo, que incluso muchas veces siguen sin considerarlo como parte del Urbano, que exige entrenamiento físico, musicalidad, presencia escénica, interpretación y construcción de identidad seguía siendo visto, muchas veces, únicamente como una práctica social o comercial. Poco a poco, esta pregunta empezó a despertar en mí una mirada más crítica sobre qué estilos son validados dentro de la danza y cuáles continúan siendo subestimados dentro de la academia.
CUARTO SEMESTRE
En cuarto semestre atravesé un proceso de grandes contrastes emocionales. Por un lado, participé en una de las competencias más importantes de Reggaetón en mi proceso, Torneo Internacional de Reggaetón (TIR) realizada en la ciudad de Medellín, donde logramos clasificar a un mundial en Argentina. Acá tuve la oportunidad de viajar con mi grupo, demostrar en un escenario todo el esfuerzo y entreno que habíamos tenido previamente a esto, fue llegar a acomodarse al lugar de estadía como fuera posible, intentar descansar aún con los nervios presentes. Este logro fue profundamente significativo, no solo por el hecho de que habíamos logrado clasificar, sino por lo que representó para mí en términos de disciplina, constancia y proyección internacional. Por otro lado, decidí arriesgarme nuevamente con la actuación en el Laboratorio de Creación de Personaje. Aunque adquirí herramientas valiosas, esta experiencia también me enfrentó a múltiples inseguridades personales y escénicas. A diferencia de la danza, donde siempre me he sentido segura expresándome desde el cuerpo, en la actuación sentía una exposición mucho más vulnerable al tener que sostener la voz, la emoción y la presencia frente a otros. Me daba mucho miedo actuar frente a mis compañeros y constantemente dudaba de mis capacidades dentro de la clase. Sin embargo, este proceso también me permitió entender que crecer como artista implica atravesar espacios incómodos, reconocer mis limitaciones y asumirlas como parte fundamental de mi formación. Aún con esta enseñanza que me llevé del laboratorio, identifiqué que gran parte de las cosas que hacían mis compañeros actores (ya muchos de último semestre) en cuanto a la clase y preparaciones de personajes, no me apasionaban de igual manera y no me sentía apasionada o comprometida con mi proceso en actuación, lo cual me hizo dar cuenta que la actuación no era un lugar donde me sintiera identificada.
En contraste, en este mismo semestre encontré la producción escénica, un campo que me transformó profundamente. Descubrí una pasión inesperada por la trasescena y comprendí que mi lugar en la escena no se limita únicamente a la ejecución. Me interesó profundamente la posibilidad de construir para otros, de generar las condiciones necesarias para que el brillo colectivo suceda. Esta experiencia amplió mi visión del quehacer artístico y de las múltiples formas de habitarlo. Como primera experiencia y acercamiento a esta clase, fui productora del Ensamble de Circo A.I.R, dirigido por Leonardo Girón. Esta experiencia como productora escénica representó un reto importante debido a la gran cantidad de elementos técnicos, espaciales y logísticos que el ensamble requería. El proceso demandó una atención constante sobre la organización de utilería, tiempos, montaje y necesidades específicas de los ejecutantes, lo que me permitió desarrollar una mayor capacidad de resolución, comunicación y trabajo bajo presión. Más allá de coordinar estos aspectos, entendí la producción como un trabajo fundamental para sostener el bienestar del equipo y garantizar que cada elemento de la escena funcionara de manera articulada. Fue un proceso exigente, pero también muy enriquecedor, que reafirmó mi interés por continuar creciendo dentro de la producción escénica.
QUINTO SEMESTRE
Durante el quinto semestre viví otro momento clave: dicté mi primera clase de Reggaetón fuera de la universidad. Esta experiencia me permitió reconocer el camino recorrido y todo el proceso de formación que había sostenido durante años. Aunque sentí nervios, fue una de las experiencias más significativas y gratificantes de mi proceso. Allí comenzó a abrirse un nuevo camino en mi vida como artista: la pedagogía. Paralelamente, continué participando en competencias nacionales de reggaetón, lo que fortaleció mi experiencia escénica y exigió un entrenamiento constante y riguroso fuera de la universidad, especialmente en R Flow Studio. Algo que contrastaba de manera muy interesante con la carga que se tenía en el semestre, ya que sin dejar de lado el cumplimiento en cada una de las asignaturas, tuve que llevar en una balanza mis entrenamientos fuera de la universidad que así mismo demandaban de mucho tiempo y disciplina, esto para poder estar responsablemente en ambos espacios y no perder el enfoque.
En el ámbito académico, hice parte de mi segundo ensamble escénico: Mientras Caemos, dirigido por Diana Salamanca. Este proceso me llevó a lugares físicos y expresivos que no había explorado antes. La exigencia corporal fue muy alta y el aprendizaje en danza contemporánea fue significativo. Considero que el resultado de este ensamble fue uno de los más sólidos en los que he participado como intérprete, por su dramaturgia, organización temática, material coreográfico y ensamble de todos los elementos propuestos por cada uno de los ejecutantes. Paralelamente a esto, y siguiendo con mi gusto por la producción, me inscribí para ser monitora de este semestre sin saber que me sería asignado un ensamble por completo. Tuve la gran oportunidad de acompañar como monitora/productora, el ensamble intensivo de SED, dirigido por Humberto Canessa. Esta experiencia fue más que enriquecedora, por primera vez me rete a estar prácticamente sola en la producción de este, fue una manera diferente de ejecutar mi rol como productora y no esta vez como ejecutante. Así mismo, durante esta etapa como monitora, fui acompañando este ensamble a el teatro La Factoria L'Explose, donde se presentó nuevamente el ensamble y donde también se tuvo que resolver varias escenografías.
De manera extracurricular, tuve la oportunidad de desempeñarme como asistente de producción en un evento fuera de la universidad, La Liga Improvisual 2024, experiencia a la que fui vinculada gracias a María Paula Franky, profesora de producción escénica. Este espacio representó un acercamiento importante al campo profesional, permitiéndome aplicar herramientas aprendidas durante la carrera en un contexto real de trabajo. Participar en este evento fortaleció mis habilidades organizativas, de comunicación y resolución de imprevistos, además de reafirmar mi interés por la producción como una dimensión fundamental dentro de mi desarrollo artístico y profesional.
Asimismo, en este semestre tuve mi primer Show como bailarina para el cantante puertorriqueño B'DA, en el marco de unos premios de música realizados en Bogotá, llamados Premios Golden Music Awards. Esta experiencia marcó un inicio importante en mi acercamiento a la danza comercial, abriendo nuevas posibilidades dentro de mi campo profesional y personal. Trabajar con un artista en tarima es algo completamente diferente a lo que tenía todos los días presente en las asignaturas de la universidad, es un aprendizaje completamente distinto y un lenguaje que requiere de un estudio aparte y práctica intensa (trabajo en Stage, expresividad, manejo de espacios en distintas tarimas, interacción con el cantante, etc.) Es acá donde regresa mi pregunta por la falta del Reggaetón o danza comercial en espacios académicos, comencé a entender que el reggaetón no solo habitaba escenarios sociales, sino también espacios profesionales de alto nivel que exigen versatilidad, resistencia, presencia escénica, rapidez de aprendizaje y una conexión muy fuerte con el público y la música. A medida que vivía experiencias fuera de la universidad como estas —competencias, entrenamientos, shows y escenarios junto a artistas— reafirmaba la idea de que el reggaetón sí constituye un lenguaje de danza con herramientas técnicas, códigos y formas de interpretación propias. Esto hizo que mi mirada crítica creciera aún más, porque mientras en el medio profesional el estilo seguía expandiéndose y transformándose, dentro de algunos espacios académicos aún parecía existir resistencia para reconocerlo como parte legítima de la formación artística. Y de igual manera empecé a analizar: Este estilo es una de las más grandes salidas laborales actualmente en Colombia, por no hablar de todas las que hay en el exterior...
SEXTO SEMESTRE
De todo este semestre puedo empezar destacando especialmente mi participación y proceso en el Ensamble NoSeCulpeANadieEnLaCasaDeAsteriónPorElHombreMuerto, dirigido por Rafael Nieves. Este fue, sin duda, el proceso de ensamble en el que me sentí más cómoda y conectada, tanto con el equipo como con la dinámica de trabajo. La organización, el cuidado hacia todos los ejecutantes y el compromiso colectivo marcaron profundamente mi experiencia. Este ensamble me permitió reafirmar la importancia de los procesos humanos dentro de la creación artística, ya que sentí siempre la preocupación, delicadeza y tacto emocional de parte del director, hubo escucha, tranquilidad y un resultado hermoso, sin afán y sin presión de sobra. Por otro lado, participé en el recital de piano Tormenta de Nieve, bajo la dirección de Arnulfo Pardo. Fue un proceso creativo muy significativo, en el que trabajamos de manera colaborativa con otras bailarinas y grandes compañeras de la carrera (Alejandra Morales, Isabella Estupiñán, Camila Gallo y Valentina de Los Ángeles), construyendo desde el diálogo y la sensibilidad compartida. Este recital, realizado en conjunto con los departamentos de música y artes visuales, evidenció la riqueza del trabajo interdisciplinar y fue definitivamente una experiencia completamente significativa para mí y de gran recordación. Bailar con la música en vivo, sentir las melodías del piano cerca a nuestra danza y que estuvieran conectadas de todas las maneras a el movimiento, fluir con las proyecciones detrás de nosotras y los matices coreográficos creados, hizo de esta una experiencia aún más especial y única.
Paralelamente, mantuve un entrenamiento constante en R Flow Studio con el objetivo de participar en el Torneo Internacional de Reggaetón en Buenos Aires, Argentina. Propuse esta experiencia como parte de mi práctica profesional, entendiendo el Reggaetón no solo como una práctica social, sino como un estilo de danza que merece reconocimiento dentro del campo académico y artístico. La experiencia en Buenos Aires fue profundamente transformadora. Como bailarina, encontré inspiración, motivación y referentes de alto nivel que fortalecieron mi deseo de continuar en este camino. Fue un espacio de crecimiento personal y artístico, donde esa bailarina que habita en mí se reafirmó con más fuerza, impulsándome a seguir sin rendirme. Esta experiencia también fortaleció aún más la pregunta que venía construyendo desde semestres anteriores: ¿por qué el Reggaetón continúa tan alejado de los espacios académicos de formación en danza aun cuando posee fundamentos, metodologías de entrenamiento y una investigación corporal propia? Aunque algunas personas todavía no lo reconocen como un estilo de danza, en mi proceso he podido entender que sí existe una base técnica y conceptual detrás de este lenguaje. Gran parte de ese aprendizaje lo he construido en R Flow Studio, un espacio donde no solo he entrenado, sino también investigado, desarrollado y compartido conocimientos alrededor del Reggaetón como práctica artística. Incluso durante el viaje a Buenos Aires, tuve la oportunidad de intercambiar experiencias y aprendizajes con grandes exponentes de la danza urbana, reafirmando que detrás de este estilo existe una comunidad profesional que constantemente estudia, transforma y expande sus posibilidades escénicas. Todo esto hizo que mi mirada crítica creciera aún más frente a la ausencia del Reggaetón dentro de muchos procesos universitarios de formación artística.
Finalmente, este también fue un periodo en el que consolidé mi camino en la enseñanza, comenzando a dictar más clases fuera de la universidad y reconociendo la pedagogía como una dimensión fundamental de mi identidad artística.
SÉPTIMO SEMESTRE
Aquí me encontré con la Técnica de Danza Urbana en la universidad, una experiencia que amplió significativamente mi comprensión sobre este campo. Allí conocí de manera más profunda distintos estilos urbanos y descubrí una conexión especial con el House. Aunque años atrás ya había tenido un acercamiento a este estilo, fue en este espacio donde realmente me sentí representada por su energía, musicalidad y libertad. Asimismo, fortalecí mis conocimientos en Hip Hop y Locking, especialmente desde bases de improvisación que ampliaron mis recursos como intérprete y mi capacidad de habitar el movimiento desde la autenticidad y la escucha. Estos aprendizajes dentro de la universidad dialogaron constantemente con mi formación externa, reforzando herramientas técnicas y creativas que ya venía desarrollando en otros espacios. Sentí que, por primera vez, ambos mundos —el académico y el profesional externo— comenzaban a encontrarse y complementarse dentro de mi proceso artístico.
Por otro lado, en este semestre decidí no presentar audición para ensamble escénico, ya que tenía el deseo de continuar profundizando en la producción escénica, un campo que definitivamente quería seguir explorando y llevar más lejos. Finalmente, solicité cursar nuevamente producción, pero esta vez validándola como ensamble escénico. Como resultado, produje el ensamble 346, dirigido por Tatán Hernández.
Esta experiencia volvió a reafirmar mi interés y compromiso con la producción. Trabajar nuevamente en un ensamble de circo me permitió comprender con mayor profundidad todo lo que implica sostener un proceso escénico: la logística, la organización, el acompañamiento humano y el cuidado constante hacia los intérpretes para lograr una muestra sólida y exitosa. Más allá de la ejecución técnica, entendí la producción como una forma de cuidado y construcción colectiva dentro de la escena. Adicionalmente, y de manera extracurricular, tuve la oportunidad de participar por segunda vez en La Liga Improvisual 2025 como asistente de producción. Esta experiencia fue especialmente significativa porque, nuevamente, me permitió desempeñarme en este rol fuera de la universidad, enfrentándome a dinámicas reales del medio artístico y reafirmando mi pasión por la producción escénica. Experiencias que reafirmaban mi pasión por la producción y mi interés por seguir en este camino.
Finalmente, uno de los acontecimientos más importantes de este semestre fue un viaje a Orlando, Estados Unidos para participar como bailarina en un evento junto a diferentes artistas de música urbana. Allí tuve la oportunidad de bailar para Flamen Beretta, marcando un avance importante en mi camino dentro de la danza comercial y permitiéndome seguir reconociendo nuevas posibilidades profesionales dentro de este campo.
Esta experiencia significó para mí mucho más que una presentación: fue uno de los otros momentos en los que pude sentirme realmente cercana a la dinámica profesional de la industria artística y musical. Enfrentarme a nuevos escenarios, tiempos de montaje, ensayos y exigencias propias de este tipo de eventos me permitió entender la disciplina y el nivel de preparación que requiere la danza comercial. Además, compartir espacios con artistas y bailarines de diferentes lugares amplió mi mirada sobre las múltiples oportunidades que existen dentro de este medio y reafirmó mi deseo de seguir construyendo un camino en este ámbito.
A nivel personal, este viaje también representó un momento de crecimiento y confianza en mí misma. Poder llegar a un escenario internacional desde un proceso que había comenzado años atrás como una búsqueda personal dentro de la danza urbana me hizo reconocer todo lo que había avanzado y el esfuerzo que había sostenido para llegar hasta allí.
OCTAVO SEMESTRE
El octavo semestre ha estado marcado por un ritmo de trabajo intenso dentro de la universidad: múltiples responsabilidades, procesos creativos, ensayos y muestras que han exigido de mí una gran capacidad de organización, disciplina y compromiso. Tuve la fortuna de estar en la Técnica Básica de Jazz, espacio donde he encontrado muchas conexiones técnicas y profesionales con mis labores externas, esta clase sin duda ha hecho parte de mis últimos momentos en la carrera, dejándome conocimientos y consejos increíbles de parte de la profesora Gina Collazos.
Por otro lado, también fue un semestre de retos y frustraciones físicas, de estrés y cansancio acumulado donde mi cuerpo no perdió oportunidad de hacer el llamado a la calma dentro de la tormenta. En el Laboratorio de Aéreos no estuve físicamente hábil ni conectada, tuve una "lesión" en los hombros sin muchas razones de la causa, fue algo que me impedía constantemente el trabajo dentro de la clase, y aun así, debo destacar la comprensión, apoyo y ayuda del profesor Tatán Hernández, donde su compañía como profesor fue crucial para poder encontrar mi camino y huella dentro de la clase, agradezco diariamente en este final de mi paso por la carrera esta tranquilidad transmitida por un profesor y el respaldo que logré sentir.
Sin embargo, en medio de todas estas exigencias, preocupaciones y cargas, llegó una experiencia profundamente significativa que representó, de alguna manera, el reflejo de todo el trabajo construido durante estos años de formación. Desde el inicio del semestre fui seleccionada como una de las bailarinas para la gira de despedida de Galy Galiano "La Última y nos vamos Tour", un artista colombiano de gran trayectoria y reconocimiento. Recibir esta oportunidad representó para mí un momento profundamente significativo, ya que era la primera vez que asumía un proyecto artístico de esta magnitud y responsabilidad dentro de la industria musical profesional. Iniciar la gira durante la semana trece del semestre significó enfrentar simultáneamente las demandas académicas y profesionales, poniendo a prueba mi resistencia física, mental y emocional. Hubo semanas de ensayos largos, el primer show en el Movistar Arena, entregas académicas y procesos universitarios ocurriendo al mismo tiempo, lo que me exigió desarrollar una mayor disciplina, organización y capacidad de adaptación.
Ser parte de este proyecto ha representado un logro profundamente importante para mí, no solo por la magnitud artística y profesional de la experiencia, sino porque confirmó que todo el recorrido vivido hasta ahora —las clases, los ensambles, las competencias, la producción, los entrenamientos externos y los procesos personales— habían construido las herramientas necesarias para asumir escenarios reales dentro de la industria artística. Más allá del escenario, esta experiencia me permitió comprender la responsabilidad, el compromiso y el nivel de preparación que implica sostener una gira profesional, así como la importancia del trabajo colectivo detrás de cada show.
A nivel personal, esta oportunidad también significó una especie de validación a años de esfuerzo, constancia y búsqueda dentro de la danza. Poder compartir escenario con un artista de tanta trayectoria hizo que mirara mi proceso con más confianza y entendiera que todos los caminos que había transitado —incluso los más difíciles o inciertos— habían aportado a la artista que soy hoy. Asimismo, reafirmó mi deseo de seguir creciendo dentro de la danza comercial y continuar construyendo un lugar para mí dentro de la industria artística y musical.
EL FIN DE ESTE CAMINO... (2026)
Mirar mi proceso dentro y fuera de la universidad me permite reconocer que mi formación no ha sido lineal, sino construida a partir de búsquedas constantes, retos, inseguridades, descubrimientos y transformaciones. A lo largo de estos años entendí que ser artista no significa únicamente dominar una técnica, sino aprender a habitar distintos lugares dentro de la escena: ejecutante, creadora, productora, profesora y compañera de proceso.
La universidad me permitió ampliar mi mirada sobre las artes escénicas, cuestionar mis propias capacidades y descubrir intereses que no imaginaba, como la producción escénica y la pedagogía. Paralelamente, mi formación externa en danza urbana, especialmente el Reggaetón y la danza comercial fortaleció mi identidad artística, permitiéndome encontrar un lenguaje con el que me siento profundamente conectada y representada.
Cada experiencia vivida —los ensambles, las competencias, las clases, los procesos creativos, las presentaciones y los viajes— ha aportado algo esencial a la artista que soy hoy. Algunas me enfrentaron a mis miedos e inseguridades; otras reafirmaron mis fortalezas y mi deseo de continuar en este camino. Todas, sin excepción, me enseñaron la importancia de la disciplina, el trabajo colectivo, el cuidado humano y la constancia.
A lo largo de estos años, mis amigos, (Alejandra Morales, Isabella Estupiñán, Camila gallo, Daniela Hernández, Sofia Rivas Aguirre, Sofia Rivas Ramírez, David Mateo Muñoz, Daniel Vargas y Annia Victoria García), fueron una de las partes más valiosas y significativas de mi proceso. Muchas veces, en medio del cansancio, las dudas o la presión de la carrera, fueron ellos quienes hicieron que todo se sintiera más llevadero. Compartimos ensayos, trabajos, funciones, crisis, risas, conversaciones profundas y momentos que terminaron convirtiéndose en una parte esencial de mi paso por la universidad.
Más allá de lo académico, agradezco profundamente haber encontrado personas con quienes pude crecer, equivocarme, aprender y sentirme acompañada. En muchos momentos fueron mi apoyo emocional, mi motivación y también mi refugio. Celebraron conmigo cada logro, incluso cuando yo misma no era capaz de reconocerlo, y estuvieron presentes en procesos muy importantes tanto de mi vida artística como personal. Hoy entiendo que gran parte de lo que hizo especial este camino fueron precisamente esos vínculos humanos que se construyeron en medio de la escena, el cansancio y los sueños compartidos. Me llevo amistades y también colegas que marcaron profundamente mi vida y que hicieron de estos años algo mucho más significativo de lo que imaginé al comenzar la carrera.
Hoy entiendo que mi camino apenas comienza. Me interesa seguir creciendo en la danza comercial y urbana, al igual que seguir investigando y llevando lejos el Reggaetón como estilo de danza, continuar explorando la producción escénica y fortalecer mi lugar dentro de la pedagogía. Más allá de los logros obtenidos, lo más valioso de este recorrido ha sido confirmar que la danza sigue siendo el lugar donde me reconozco, me expreso y proyecto mi vida.




















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